Tarraco, historia frente al mar
Piedra romana con horizonte mediterráneo.
Tarraco no se 'visita', se recorre. Es la Tarragona actual, sí, pero con una capa romana que sigue viva: muros que se tocan, plazas que esconden graderías y monumentos que aparecen cuando menos lo esperas.
Aquí la historia tiene un rasgo único: está abierta al Mediterráneo. El anfiteatro se vierte en el mar, y este contraste entre piedra y horizonte hace que el pasado se sienta muy presente.
El gran escenario
Anfiteatro, circo y foro
El anfiteatro es la postal inevitable y también el símbolo de Tarraco: un gran espacio de espectáculos junto al Mare Nostrum. Aquí se celebraron grandes acontecimientos y también episodios que marcaron la memoria de la ciudad, como el martirio de Fructuoso y sus diacas.
El circo impresiona por escalera y por cómo se integra en la ciudad actual. Se construyó a finales del siglo I d.C., y todavía puedes entender su dimensión, sus rincones y esa sensación laberíntica al bajar a sus entrañas. En este mundo aparecen incluso 'estrellas' locales, como Eutyches y Fuscvs, aurigas que hoy equivaldrían a ídolos deportivos. Y no falta el foro, el punto de encuentro y de poder, donde se reunían las élites locales.
Parte Alta
El lugar del culto
La parte alta era el área reservada al culto. Bajo la catedral se situaba el Templo de Augusto, y la visita por esta zona ayuda a entender la Tarraco más ceremonial.
Para rematar, el Museo de Historia y la Torre del Pretorio suman contexto y unas vistas que ponen orden a todo lo que has visto a pie de calle.
La Roma de las infraestructuras
Agua, piedra y villas
Los romanos eran maestros de la infraestructura, y aquí se nota: se construyeron acueductos para llevar agua a la ciudad. El Puente del Diablo (acueducto de las Ferreras) es la gran pieza visible, y hoy se recorre en un entorno de parque ecohistórico con rutas y actividades.
Si quieres ampliar el 'mapa romano' fuera del casco urbano, este paseo propone dos paradas que valen por sí solas: Centcelles (Constantí), un conjunto tardo-romano con una cúpula decorada con mosaicos cristianos; y Els Munts (Altafulla), una villa aristocrática muy bien conservada con mosaicos, pinturas murales y termas.
La huella en el mapa
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